Historia y localización

La sede del Conservatorio de Danza

El Conservatorio de Danza Antonio Ruiz Soler se emplaza en los que fueran los pabellones de Argentina y Guatemala en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929-1930), después de que en 1991-1992 ambos edificios fueron restaurados.

La sede principal es el Pabellón de Argentina. En 1934, por subrogación, este pasó al Estado Español que lo empleó como albergue, almacén y dependencia de la organización femenina del régimen de Franco. En 1943 Vicente Genovés Amorós lo solicitó para ubicar en él, el Instituto Murillo de Bachillerato, de nueva creación, uso que mantuvo hasta 1991.

El Pabellón de Guatemala, fue cedido al Ayuntamiento de Sevilla en 1931, que lo dedicó a biblioteca infantil. Después, estuvo años abandonado y cerrado. Entre 1953 y 1963 fue escuela preparatoria de primera enseñanza dependiente del Instituto de Murillo. En 1963, por su mal estado, se decidió su demolición, que finalmente no tuvo lugar.

Entre 1978 y 1991 a planta baja se usó como para gimnasio y el semi sótano como almacén municipal de la Sección de Conservación de Edificios.

El Pabellón de Argentina

El Pabellón de Argentina, diseñado por el afamado arquitecto Martín Noel, esuno de los edificios de referencia que el certamen ha legado a la ciudad de Sevilla. De los pabellones internacionales este fue el de mayor extensión, y el primero en ver finalizadas sus obras las cuales se ejecutaron entre 1926 y 1928, con un coste superior a 1.500.000 ptas. Argentina también asistió a la Exposición Iberoamericana con otros tres pequeños pabellones, uno para exhibición de productos industriales y otros dos para dos importantes periódicos de Buenos Aires,La Prensa y La Nación.

Un edificio pionero en un emplazamiento privilegiado

El pabellón ocupa el mejor de los solares que se pusieron a disposición de los pabellones internacionales; una amplia superficie en el terreno conocido como El Naranjal de la Bella Flor, en el extremo Norte de los Jardines de las Delicias Viejas que le fue asignada en 1925, cuando la exposición estaba prevista para 1927. Esto fue posible gracias a la rápida respuesta de este país a las gestiones que, para reactivar el certamen, Primo de Rivera promovió en 1925, así como a las buenas relaciones diplomáticas entre ambos países.

El solar, inmediato al río y frente al Parque de María Luisa, tenía un emplazamiento preferente en la embocadura del Paseo de las Delicias y por su proximidad a la avenida de la Infanta Luisa, donde desde la Glorieta de San Diego se encontraba la entrada principal al recinto. Su extensión, además, permitió diseñar sin cortapisas un edificio de 4.500 m2, para convertirlo tras la Exposición en Instituto de Investigaciones Históricas y de Educación Artística argentino con objeto de alojar allí a los alumnos el Gobierno argentino tuviera pensionados en España.

Un gran arquitecto, un experimentado constructor y un afamado pintor

Por encargo directo del gobierno argentino, el afamado arquitecto Martín Noel (Buenos Aires, 1888-1963), presidente de la Comisión de Bellas Artes nacional, y una de las figuras más interesantes de la cultura y la arquitectura argentina del siglo XX, se ocupó de diseñar y dirigir las obras del pabellón que se encomendaron al constructor Moscatelli, con experiencia en otras exposiciones internacionales.

En su proyecto, inicialmente más ambicioso, porque incluía un puente con instalaciones frigoríficas y restaurantes en la otra margen del Guadalquivir, Noel sintetizaba sus ideas estéticas, basadas en que en Argentina se habían fusionado la herencia indígena andina y las aportaciones españolas canalizadas desde Sevilla. Por eso combinaba en el edificio elementos de la arquitectura de Argentina, patria a representar, con otros del más puro Barroco sevillano y de La Paz (Bolivia), Lima y Arequipa (Perú); de ahí la diversidad de estilos y elementos yuxtapuestos en el pabellón.

Por su amistad de Noel, y con otros destacados personajes del mundo artístico argentino, el pintor gibraltareño GustavoB Bacarisas y Podestá participó de un modo muy significativo en la decoración del pabellón, que Noel dejó en manos de artífices andaluces a excepción de las pinturas que habrían de decorar las restantes salas de exposición.

Las portadas del pabellón

El pabellón tiene diferentesportadas de acceso.La portada principal, que da a la avenida de Las Delicias que sirve de entrada al Conservatorio, simula una portada retablo barroca de tres cuerpos y tres calles, la central de mayor anchura con un arco trebolado y, sobre él, un balcón. A diferencia de otros pabellones internacionales, no aparece en ella el nombre de la nación, aunque lo preside el sol de mayo, símbolo del país, recogido en la bandera. Este representa la Revolución de Mayo, gestada en Buenos Aires que dio inicio a la independencia del Virreinato del Río de la Plata del Reino de España.

Para la portada trasera, que da al río, se tomó como modelo una de la ciudad peruana de Arequipa, con unos aborígenes arrodillados sosteniendo el escudo heráldico de la casa. Los relieves ornamentales de los elementos arquitectónicos de las portadas, como los del resto del edificio, fueron ejecutados por el escultor sevillano José Lafita.

Descripción del pabellón

El pabellón consta de un cuerpo principal, dos pabellones lateralesy una torre mirador.

El cuerpo principal del edificio,que evoca una casona sudamericana, se distribuye en torno a un patio central cuadrado, inspirado en los patios de La Paz (Bolivia) y, por su decoración, concretamente en la casa de los Marqueses de Villaverde. Lo precede el vestíbulo de acceso, abierto por monumentales arcos de medio punto rebajados; en su lado Sur, se conserva una placa de bronce que, con motivo del 12 de octubre de 1929, el Ayuntamiento de Sevilla dedicó al Presidente de la República Argentina, Santiago Irigoyen, como iniciador de la Fiesta De la Raza; esta fue diseñada por el pintor sevillano Santiago Martínez, autor del emblema del certamen de cuyo Comité era asesor artístico. 

El patio tiene una galería de dos pisos, la inferior con arcada y la superior con balaustrada y zapatas de madera; está pavimentado con cantos bicromos con motivos florales y, aludiendo al patio limeño y sevillano, en su centro hay un brocal octogonal de pozo, con cerámica sevillana.

La escalera de acceso al piso alto, que es bifurcada en su arranque, está decorada con zócalos cerámicos de la firma trianera de Montalván, diseñados por Gustavo Bacarisas, en los que se combinan balaustres, paneles frutales y las escenas de época “Carretas con bueyes”, “Parejas bailando”, “Salida de la iglesia”,“Figuras y diligencia, “Soldados y guitarrista” y Cabaña y campesino”.

Una sala especial por su mobiliario fue la biblioteca, situada en el ala Norte de la planta alta. Las otras salas, destinadas a exposiciones de arte y periodismo, industria y agricultura, fueron decoradas con pinturas sobre tela de tres pintores argentinos (Rodolfo Franco, Alfredo Guido y Alfredo Gramajo). Sobre la Sala de Artes se eleva un cuerpo cúbico de tres plantas que destaca en la fachada principal del pabellón. 

Uno de los dos cuerpos laterales del edificio,el de la derecha, correspondía a la Sala de Industrias. La cúpula que la cubre, sobre un tambor octogonal que apoya en grandes ménsulas, está inspirada en las cúpulas de Córdoba (Argentina). 

Dos cuestiones convierten a esta sala en una de las más interesantes del conjunto. De una parte, las ocho planchas decorativas con escenas pictóricas al temple que Gustavo Bacarisas realizó entre 1927 y 1928 para su tambor. Cuatro de ellas, apaisadas,representan diversas escenas típicas de las provincias argentinas, viéndose tipos,animales y frutos de la cordillera Andina y de la Pampa; en las otras cuatro, que son cuadradas, representó el cóndorandino.De otra, por la cerámica decorativa de los pilares de la sala, ejecutadas como las del patio por la fábrica trianera de Montalván y diseñadas por Bacarisas; en este caso, con motivos incaicos, en simétricas y abigarradas composiciones que combinan formas geométricas,vegetales e híbridos animales de la mitología prehispánica como el jaguar y el felino

El ala izquierda del pabellón, realizado en estilo neobarroco de la Pampa aloja un teatro de doscientas plazas para conferencias y exhibiciones cinematográficas descriptivas del país. El telón, hoy perdido, fue también diseñado por Bacarisas.

En la fachada posterior, volcada sobre el río, Noel proyectó una elevada torre de cinco plantas, alusiva a la Pampa, una solana y el mirador y la referida portada arequipeña. La parte posterior se dedicó a zona residencial y el grill-room para expendio de carne.

El Pabellón de Guatemala

El Pabellón de Guatemala fue construido en plena Exposición Iberoamericana, durante los meses de septiembre y octubre de 1929, como consecuencia de que la decisión del gobierno guatemalteco fue muy tardía. De ahí que, entre la inauguración de la Exposición, el 9 de mayo, y la del pabellón, el 31 de octubre, Guatemala ocupó unos stands en las Galerías Americanas del Sector Sur, donde también estuvieron en Panamá, El Salvador y Costa Rica, que tampoco tuvieron pabellón propio.

El ingeniero español Emilio Gómez Flores que había trabajado en Guatemala, diseñó un edificio permanente y un rancho típico, para ofrecer productos (en especial café) a los visitantes, que se desmontó tras la Exposición.Las obras, cuyo coste fue de 208.000 ptas., corrieron a cargo de José Granados de la Vega, arquitecto de la Dirección Técnica de la Exposición. 

El pabellón, que constaba de dos plantas, es muy simple, y presenta escasos pero significativos detalles que evocan al país. De una parte, a su arquitectura, a través del arco escalonado (aludiendo al falso arco maya) y de otra, a sus símbolos patrios (la bandera, el escudo y quetzal, el ave nacional).  

De la bandera, se tomaron los colores nacionales de los revestimientos cerámicos de las cuatro fachadas del pabellón, ejecutados por la fábrica trianera de Ramos Rejano. El escudo, conformado por el quetzal, con las dos armas cruzadas y, sobre un pliego, las palabras Libertad y Orden y la fecha de la independencia de Guatemala, el 15 de septiembre de 1821, aparece en las partes altas de las fachadas, en la Norte, sobre la portada; el quetzal cobraba especial protagonismo en esta fachada, flanqueada por sendas aves de gran tamaño. En realidad, el ave Quetzal, es un doble símbolo nacional, no sólo por la abundancia de ejemplares en el país sino como alusión a la libertad, ser un pájaro que no puede vivir en cautiverio. 

Dra. Amparo Graciani
Catedrática de la Universidad de Sevilla